Tu vida por la mía.

La señora Maryanne tomaba una taza de café, sus famélicos brazos apenas podían sujetar el peso de la porcelana roja, su luz se apagaba y apenas tenía fuerzas para hablar. —Es la hora. Tienes que hacerlo ya!. —dijo pausadamente. Lyan cogió la linterna y se dirigió corriendo al observatorio que había tras la casa, puso…