Nocturne

Una vez más, desperté intentando encontrarla, y como cada noche a esa hora, su lugar en mi cama estaba vacío. Un aire tan suave que apenas parecía existir pasó a través de la ventana, anunciando la entrada de una luz invasora que se abrió paso entre las cortinas.

Escuché aquellas notas musicales que calaban entre las paredes y el suelo, que entre silencios, me invitaba a acompañarla. Cuando me quise dar cuenta bajaba por las escaleras de caracol al compás de una melodía que tanteaba cada fibra de mi cuerpo, no podía desprenderme de aquella extraña sensación que nacía en el estómago y se esparcía descontrolada hasta mi mente, como un enemigo que se frotaba las manos ante el deleite de mi pesar. Llegué hasta el salón principal y allí pude verla, sentada frente a su piano de cola y con un vestido blanco de finas telas bordadas que dejaban libre su espalda, larga y delicada como su cabello castaño.

La luna teñía aquel salón de un singular color azul, donde tan solo se podía percibir su música, donde sus finas manos, y con una precisión fascinante, tocaban la Nocturne en mi bemol mayor, Opus 9, de Chopin. Una pieza que atesoraba todo su mundo interior, una melodía suave y alegre que fluía lentamente, pero sin dejar de lado una angustia subyacente, de la que yo era culpable.

Me acerqué con sigilo, sabiendo que ella me notaba, sabiendo las reglas que no debía de alterar. Me senté a su lado en el mismo banco donde tantas veces habíamos escrito canciones y donde tantas otras rompimos el silencio con nuestras propias voces. Seguía tocando con su rostro fijo en el pentagrama, haciendo aquellas muecas tan encantadoras con cada nota.

—Necesito tocarte —dije con una voz apenas imperceptible.
—Sabes que no puedes hacerlo —Contestó a medida que aminoraba el tempo, giró levemente su cara hacia mí, pero no me miró, nunca lo hacía.— yo también lo deseo, pero no estás aquí por eso.

Me ahogaba por dentro, unas simples palabras no eran capaces de expresar el vacío y la incertidumbre de tanto tiempo sin su calor, perdido en la sombra, no era capaz de dejarla marchar. La tenía tan cerca, pero mirarla era como contemplar un hermoso horizonte donde la vista se pierde en un sueño inalcanzable.
Ella se entregó a mí aún a sabiendas de mi desgracia, se propuso alejarme de la oscuridad sin que nunca nada mermara su voluntad. Miraba a través de mi sin necesidad de usar ningún poder extraordinario, tan solo sus manos y sus dulces palabras podían apaciguar mi alma.

—Amor mío, necesito que me perdones… Duele.
—¿No resulta paradójico que tan solo en este lugar puedas sentir dolor?, el dolor te hace sentir vivo, y tú no lo estas. —Su cara se tornó triste.
—Cambiaría mi vida por la tuya sin pensarlo.
—Lo sé amado mío, pero ya es hora de que termine, ya es hora de que me marche.

Mis lágrimas comenzaban a caer sobre las teclas, no podía sentir que brotasen de mis ojos, pero sentía la angustia, su ausencia. No quería ni pensar en la idea de perderla de nuevo.

—Pon tus manos sobre las mías, toca conmigo.
—No puedo, no puedo hacerlo. —dije sin fuerzas.
—Hombre de mis lunas, No puedo quedarme eternamente, no soy como tu, tienes que volver, tienes que terminar, —su voz se apagaba, al igual que su música— necesito descansar.

Aquellas palabras me desgastaron y me hicieron sucumbir. Fue mi error el que la trajo a este lugar, y mi egoísmo el que la hizo perdurar en una ilusión sin camino de ida y sin retorno. Puse mi mano sobre la suya dejándome llevar por el movimiento de sus dedos. la vibración de las notas traspasaban mi piel, me hacían partícipe una vez mas de nuestra canción. Después de tantos años, volví a notar su cariño, su compasión, su calor. Miré al pentagrama y no había partitura alguna, en su lugar había un pequeño mensaje escrito.


Siempre he tenido presente que algún día podría pasar
Pero en este mundo fuiste el único que creyó en mí
Quien me cuidó cuando todo parecía perdido
No pude más que agradecértelo con mi amor
Siempre estaré contigo, hasta en los días más oscuros
Y cuando sientas que no puedes más, piensa
en nuestra canción, como tu decías mi amor
La tocaremos juntos hasta que todo el mundo
desaparezca y solo quedemos tu y yo.


Mi pecho se estremeció, la canción llegaba a su fin. Alcé mi vista para contemplarla por última vez y ella me respondió, reflejado en el brillo de sus ojos no me contuve ante un disparatado arrebato. Acerqué mis labios a los suyos, y rozando el recuerdo de su incomparable sabor, se desvaneció con la última nota de aquella melodía que tan vivo me hacía sentir, y que tan viva la hacía seguir siendo.



Autoría: Rubens FM. Todos los derechos reservados. ©

 

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Cami Aranfu dice:

    Me gusta mucho Nocturne, es una de las canciones que siempre he querido aprender a tocar. Me gustó además lo que escribiste aquí. Saludos!

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    1. Rubens F.M dice:

      Muchas gracias Cami, llevaba tiempo queriendo escribir algo basado en esta canción.

      Le gusta a 1 persona

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