El Narrador Omnisciente

Particularme, el narrador Omnisciente es mi preferido. Lo utilizo en la mayoría de mis relatos por sus enormes posibilidades y por que me siento bastante cómodo con el, claro que, también experimento otros tipos de narradores para aprender y dominar diferentes estilos.

Suelo escribir relatos de fantasía o de suspense, con lo que el narrador omnisciente me ofrece una gran posibilidad de creación de escenarios y acciones diversas de los personajes en el entorno, y cambios de escena en una misma franja de tiempo.
Pero me gusta hacerlo limitado, sin dar demasiadas pistas sobre los pensamientos o sentimientos de cada personaje, prefiero mostrarlo en acciones, como gestos, movimientos y utilizar la Elipsis.

Lo controlas todo y a todos, pero hay que tener cuidado, sobre todo en las transiciones, en crear verosimilitud entre las escenas y el comportamiento de los personajes en cada una de ellas, y con el tiempo de acción. Explicar lo que ocurre, juzgar y desmenuzar las causas y comportamientos. Esto puede llevar a muchos a pensar que puede quitarle a una novela el misterio, la tensión por tener demasiado información y no dar lugar a la imaginación, pero creo que si se hace bien puedes dotar a un texto de mucha vida y aportar credibilidad.

En la “Teoría y técnica del cuento”  de Enrique Anderson, define así al narrador omnisciente

La omnisciencia es un atributo divino, no una facultad humana. Solamente en el mundo ficticio de la literatura vale la convención de que un narrador tenga el poder de saberlo todo.

Este microdiós de un microcosmos es capaz de analizar la totalidad de su creación y de sus criaturas. Desde fuera de lo que cuenta analiza cuanto sucede dentro del cuento. No limitado ni por el tiempo ni por el espacio, capta lo sucesivo y lo simultáneo, lo grandioso y lo minúsculo, las causas y los fines, la ley y el azar.

El narrador-omnisciente es un autor con autoridad; impone su autoridad al lector (y éste la acata pues reconoce inmediatamente que la historia está vista a través de una mente dominadora). Dice qué es lo que cada uno de los personajes o todos a la vez sienten, piensan, quieren y hacen. También se refiere a acontecimientos que no han sido presenciados por ninguno de ellos. Selecciona libremente. Tan pronto habla del protagonista como de personajes menores. Gradúa las distancias. Nos da, telescópicamente, un vasto cuadro de la vida humana o, microscópicamente, una escena de concretísimos pormenores. Si se le antoja, va comentando con reflexiones propias todo lo que cuenta. Hace lo que quiere. Si quiere, presenta una situación de un modo objetivo sin colarse dentro de la conciencia de los personajes; o elige de la conciencia de los personajes sólo una tensión momentánea que le sirve para lograr un efecto especial; o examina las actividades de la conciencia del protagonista sin más concesión al entorno social que unos pocos diálogos y descripciones; o escenifica sucesos a la manera de un comediógrafo; o pronuncia discursos a la manera de un ensayista; o construye cámaras con espejos y máquinas del tiempo… En fin, que el narrador-omnisciente es un dios caprichoso.

Es capaz de penetrar tan profundamente en la conciencia de los personajes que, en esas profundidades, encuentra aun aquello que los mismos personajes desconocen. Porque los personajes no siempre aparecen en el cuento tal como se ven a sí mismos ni tampoco tal como los vecinos los ven. No. Con clarividencia el narrador-omnisciente puede revelar el ámbito objetivo en que están sumidos los personajes y también las reconditeces de sus personalidades. Es más: baja hasta casi tocar la subconsciencia de sus criaturas. Nada le es ajeno: pesadillas, delirios, desmayos, olvidadas experiencias de infancia, tendencias hereditarias, oscuros instintos, sentimientos y pensamientos más explicaciones de por qué sienten y piensan así. Este narrador-omnisciente que se refiere a cada personaje con los pronombres «él», «ella», suele extremarse con las técnicas de fluir psíquico. Entonces los acontecimientos del cuento quedan sumergidos en la corriente y sus formas y colores tiemblan como la imagen de cantos rodados bajo las ondas de un río.

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