Regresión

Ya estaba demasiado cansada, se notaba en cada poro de su piel rota, en cada aliento que a través del espejo presumía de ser valiente. La otra cara de su verdadera historia.

Una historia que nunca quiso contar. Una y mil veces se lo imploró, pero no le hizo caso y la encerró bajo una llave, que no escondió demasiado bien.

Un día se reveló y la quitó de en medio, la empujó a ese abismo que tanto soportaba y tanto miedo le daba. «Quédate ahí dentro» le susurró. Y no pudo regresar, era la hora de no callar, de dar paso a la imprudente, a la estúpida capaz.

Fue la última vez, y magullada por su osadía aspiró todo el aire de aquel horizonte. Esa era la calma, la serenidad de saberse entera a pesar de tantas noches bajo la lluvia. Llena de tantas cosas hermosas y vacía de lo que ya dejó de importar.

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