Iris

La pequeña Iris tan solo tenía 8 años, debía de jugar y divertirse como todos los de su edad, tener ilusiones imposibles, fantasías sacadas de cuadernos escondidos en el desván. Era una dulce niña con pecas rosadas en las mejillas, de pelo negro largo y ondulado que llevaba siempre tras las orejas, Tenía unos ojos tan hermosos, tan oscuros y grandes que reflejaban todo lo que ocurría a su alrededor.

Pero Iris no era normal, o al menos, hasta que se traslado a ese pequeño pueblo a orillas del Río Neckar.

Fué en el Verano de 1988 cuando ocurrió por primera vez. Iris estaba jugando en el parque, sola como de costumbre, le encantaba sentarse sobre la hierba y acariciarla con la mano, hacer caminos con palos y piedras. Cerca de ella había un grupo de unos diez niños que corrían y gritaban, ajenos e indiferentes a lo que hacía la pequeña solitaria.

Eran las seis de la tarde y el sol empezaba a ponerse. De repente, todos los niños que había en el parque se quedaron totalmente quietos, los que estaban sentados y tenían edad para caminar se levantaron, no se escuchaba nada, tan solo el viento, ni siquiera el sonido de un pájaro. Todos comenzaron a dirigirse hacia Iris, se acercaban desde todos los rincones del parque, caminaron en linea recta hacia ella y la rodearon en circulo, uno tras otro hasta que pararon en seco, parecían marionetas, con la cabeza mirando hacia el suelo y los hombros encorvados hacia delante, no mostraban expresión alguna en sus rostros. Iris se levantó y miró a cada uno de ellos, sonreía tímidamente sin moverse del centro, como si fuera la protagonista de un espectáculo con un público inerte.

Los padres, que al principio creían que se trataba de algún tipo de juego, comenzaron a acercarse alarmados por la rareza de la situación. Zarandeaban a sus hijos que parecían carecer de voluntad. En ese momento Iris escuchó a su padre llamarla en voz alta y se volvió a sentar, a jugar con sus palos y piedras y en un instante, todos volvieron en sí, desorientados y nerviosos se marcharon con sus padres y otros corrieron en busca de ellos.

—¿Iris estas bien cielo?—. preguntó su padre con incredulidad y cogiéndole la cara con las dos manos. La niña asintió sonriente y le dijo que quería irse a casa. La cogió de la mano y se fueron del parque al atardecer, ya sin ningún niño alrededor.

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